El órgano de la Madeleine

Habíamos llegado a París por la mañana después de un viaje de dieciséis horas de tren en el que prácticamente no habíamos dormido nada. La primera visita, tras dejar toda la impedimenta en el hotel, fue el Musée d’Orsay

Tras recibir lo que denominamos el “cañonazo de los impresionistas”, comprobando que no sólo estaban en los libros de texto y que sí existían de verdad el Bal au moulin de la Galette, Le Déjeuner sur l'Herbe o L'origine du monde, comimos (si es que se puede decir que eso era comer) en el museo, y salimos al exterior cruzando el río Sena por una pasarela.

Por las Tullerías nos empezó a llover y no cesó durante nuestros pasos por los jardines, la plaza de la Concordia, y la rue Royale, llegando totalmente empapados a la iglesia de La Madeleine.

Accedimos por el grandioso pórtico octástilo, y comenzando a deambular, algo nos impactó más que el interior: en esos momentos se ejecutaba un ensayo para un concierto que se iba a celebrar al día siguiente, que era el día de la Asunción. El imponente órgano acompañaba el canto de una soprano.

No conocía la obra que ensayaban, pero nos sentamos en las sillas de la nave a escucharla. Con la certeza de que nos íbamos a resfriar tras el chapetón que habíamos sufrido, pensaba que iba a ser el constipado más bello, extasiado por las frases de una obra que no conocía.

La soprano repetía varias veces una frase en la que subía a un fortissimo emocionante, subrayada por la belleza del mismo órgano que habían tocado en multitud de ocasiones Camille Saint-Saëns y Gabriel Fauré.

El ensayo terminó, y la soprano bajó del presbiterio. En ese momento, a modo de diversión, creo, el organista tocó los primeros compases del passepied de la Suite Bergamasque de Debussy. Fue en ese momento cuando de verdad me quedé clavado en la silla y confirmé que el resfriado futuro merecería la pena.

Serían sólo los veinte primeros compases de la obra…. Pero fue como una invasión de la música profana en un templo sacro. La continuación de la vacilante historia de la Madeleine en constante lucha entre lo religioso y lo civil.

Salimos para continuar nuestro primer paseo por París hacia el boulevard de la Madeleine realmente impactados por aquellas músicas de aquel lugar…

Cabe decir que finalmente no nos resfriamos.




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